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Elegir cuando duele

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La libertad no es gratis: el peso real de nuestras decisiones Elegir parece una cosa pequeña. Hasta que un día descubres que casi todo lo importante salió de ahí. El libre albedrío no es cómodo. Es una confianza arriesgada que siempre deja huella. Elegir suena fácil cuando se dice deprisa. Elegí esto. Elegí aquello. Pero basta detenerse un poco para darse cuenta de que elegir nunca es inocente. Cada decisión compromete algo. Siempre deja rastro. Dios nos dio el libre albedrío sin manual de instrucciones. No como un premio ni como una garantía de que todo saldría bien, sino como una confianza real. Confió en nosotros sabiendo que no siempre acertaríamos. Aun así, confió. El libre albedrío no asegura la felicidad. Lo que asegura es la responsabilidad. Y quizá por eso incomoda tanto. Porque elegir de verdad implica aceptar que lo que venga después no se puede atribuir solo a las circunstancias, al carácter o a la mala...

Un mes nada original

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Febrero: el mes que dura poco y cansa mucho Un post de finde para febrero. Sin prisas, sin grandes planes y con algunas cosas que pueden apetecer si el cuerpo pide tranquilidad. Febrero es ese mes que siempre pilla a la gente diciendo lo mismo, pero con mejor humor que en enero. “Qué bien, febrero”. Y alguien aclara: “que es más corto”. Y otro remata: “y se cobra antes”. En menos de diez segundos el mes queda presentado y aprobado por mayoría. Después llega la duda habitual: cuántos días trae este año. Porque nadie lo sabe nunca, ni aunque lo haya mirado el febrero pasado. Esa conversación aparece todos los años en algún sitio: en la oficina, en una comida familiar, en la cola del súper. Alguien dice “este año son veintinueve”, otro responde “no, este no”, y un tercero asegura que depende de cómo caiga el año, aunque no tenga muy claro de qué...

Confidencias que no se publican

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Cuando alguien abre el alma: escribir, escuchar y el sufrimiento invisible Hay palabras que se escriben para uno mismo… y acaban convirtiéndose, sin buscarlo, en refugio para otros. Después de tantos años escribiendo, sigo sorprendiéndome de hasta dónde pueden llegar unas palabras. A veces uno escribe pensando que lanza palabras al aire… y resulta que caen en el corazón de alguien. Desde hace un tiempo empiezo a recibir, cada vez con más frecuencia, mensajes privados de personas que me hablan del blog. Algunos comentan un post concreto, otros agradecen una frase, una imagen, una intuición compartida. Pero hay un tipo de mensaje que siempre me deja en silencio: los de quienes, casi sin darse cuenta, acaban abriéndose y contando cosas muy personales, muy íntimas. Historias que no se publican, heridas que no se exhiben, dolores que no suelen tener escapar...

El lunes ya está previsto

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El lunes ya está previsto: una reflexión de viernes con humor para disfrutar el fin de semana Esto se lee en viernes por un motivo: el lunes ya existe aunque aún no haya empezado, y conviene ponerlo en su sitio sin convertir el fin de semana en una huida ni en una agenda de “cosas que hay que hacer”. El lunes, visto desde el viernes, es como ese invitado que todavía no ha llegado pero ya te está tocando el timbre en la cabeza, y tú estás con el mando de la tele en una mano y la paz mental en la otra intentando que no se te caiga ninguna. Hay quien, en cuanto asoma el viernes, se comporta como si el lunes fuese a presentarse en casa con un megáfono y una trompeta, dispuesto a arruinarlo todo por deporte. Y por eso vive el fin de semana como una carrera contrarreloj que termina el domingo por la noche con cara de “ya se acabó lo bueno”....

Cuando algo se rompe sin ruido

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Cuando dejas de escribir y una relación se enfría sin darte cuenta A veces no dejamos de querer a alguien. Simplemente dejamos pasar el tiempo suficiente como para no saber cómo volver a escribirle. Tenía el mensaje escrito. No era largo. Tres líneas normales, sin drama. Lo leí dos veces, dudé un poco y no lo envié. Pensé: luego. Mañana. Cuando tenga más cabeza. Spoiler: mañana nunca llegó y el mensaje se quedó ahí, guardado, como una nota mental que con el tiempo perdió sentido. No pasó nada grave. Nadie murió. Nadie gritó. Nadie me bloqueó. Simplemente dejé pasar el tiempo suficiente como para que volver a escribir ya no pareciera natural. Y lo curioso es que, durante semanas, seguí pensando en esa persona como si el vínculo siguiera intacto. Como si el silencio no contara. Nos gusta creer que las relaciones importantes se rompen por grande...

¿Te atreves con siete pistas?

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Un juego de fin de semana: siete historias con títulos escondidos para poner a prueba tu ingenio No es un test de inteligencia ni un reto mental de esos que prometen milagros. Es solo un juego para leer con calma, sonreír un poco y ver si algo hace clic. Es un juego. Sin más. De los que se leen sin prisa, sin instrucciones y sin nadie mirando por encima del hombro, dejando que cada escena haga su parte. La idea salió un día en el que la cabeza funcionaba, pero con cierta pereza. Nada grave. Simplemente uno de esos momentos en los que no apetece ponerse profundo ni demostrar nada. Y como en los posts de fin de semana conviene no tomarse demasiado en serio, opté por lo sensato: jugar un rato. En cada una de estas historias hay algo escondido. A veces es el título de una película, otras un libro, una canción, una comida o incluso un lugar muy reconocibl...