La noche sin ritmo

Noche de Reyes: del consumismo y las prisas a recuperar la verdadera magia que no se compra
Mano infantil con guante de invierno sosteniendo una bengala encendida en la noche, con fondo urbano difuso y luces desenfocadas que evocan la víspera de Reyes

Una reflexión sobre cómo la noche más ilusionante del año se ha ido llenando de prisas, consumo y ruido… y sobre cómo todavía podemos volver a lo esencial: una luz que no se compra y una esperanza que sigue llegando.

A veces no es que esta noche haya perdido su valor, sino que somos nosotros los que no llegamos a ella.

Cuando la noche perdió su ritmo

La noche del 5 de enero siempre tuvo algo especial, como si la ciudad entera se permitiera aflojar durante un instante. De pequeños no lo pensábamos mucho: los Reyes venían. Y ya está. Incluso cuando sabíamos que no nos habíamos portado demasiado bien. Hoy caminamos por la misma noche con cansancio y con una pregunta que aparece sola: ¿qué hemos hecho con esta noche?

No hace falta mirar mucho para notarlo. Sales a la calle y ves prisa. Mucha. Tiendas llenas, gente con el móvil en la mano, bolsas por todas partes y una frase que se oye más de lo normal: “A ver si salgo de esto ya”. Entonces piensas que esto no era un examen. Que la noche de Reyes no nació para resolverse rápido, aunque a veces lo parezca, con cronómetro incluido. Pero ahí estamos, discutiendo si un patinete lo trae Baltasar o la tienda.

Cuando el consumismo desplaza lo esencial

Antes esperábamos. Ahora organizamos. Y no, regalar no es el problema; un regalo puede ser un gesto bonito, incluso necesario. El problema aparece cuando confundimos cariño con precio, detalle con obligación y sorpresa con estruendo. Vivimos midiendo y comparando, también esta noche. Así pasa: muchos niños ya no sueñan con imaginar, sino con tener claro qué va a caer… a veces incluso con número de referencia.

La ciudad entera parece un gran escaparate: hay luces, pero no siempre iluminan; hay música, pero queda de fondo; se compra mucho y se llena poco. La Cabalgata se vive con el móvil en alto. Se mira menos de lo que se graba. Y si no hay vídeo, casi parece que no ha pasado. Una noche pensada para mirar al cielo acaba convertida en una noche de pantallas.

Y en medio de todo eso, vemos a familias enteras corriendo para comprar el último juguete de moda como si fuera un salvavidas emocional. Adultos agotados que compran deprisa, no siempre por ganas, sino por miedo a no cumplir, a quedarse cortos. Y el miedo, cuando entra en juego, rara vez ayuda a regalar bien. Poco a poco, los Reyes se parecen más a un trámite que hay que resolver.

Hombre de unos 45 años caminando por una calle comercial nocturna llena de escaparates y gente con bolsas de compras.

Lo que queda cuando se apaga el ruido

Para mí, el problema no es celebrar. Nunca lo fue. El problema es hacerlo con la cabeza en otra parte. Dejar que el envoltorio se coma el contenido. Ver adultos cansados, niños saturados y casas agotadas… y asumir algo incómodo: esta noche no se vació sola; en parte, la hemos ido llenando de cosas que no la sostienen.

Y aun así, algo aguanta. Se nota incluso en medio del ruido. Aunque la ciudad vaya deprisa y las redes se llenen de fotos donde nadie mira la cabalgata porque todos miran el móvil, algo ocurre. Como si por dentro supiéramos que esta noche iba de otra cosa: un portal pequeño, un Niño que llegó en silencio, una promesa que no se compra.

Porque esta noche habla de regalos que no se compran. De viajes que no se miden en kilómetros. Y cuando la Cabalgata termina, los niños se duermen y las calles se vacían, sucede algo sencillo y grande: todo parece detenerse un momento. Y en ese silencio breve queda claro que lo valioso no hace ruido, que lo grande no necesita presumir y que lo verdadero no suele anunciarse.

Hombre de unos 45 años en un mirador nocturno contemplando una única luz en forma de estrella sobre un edificio.

La luz que sigue guiando

Aquí entra el símbolo central de esta noche: la estrella. No la infantil de manualidades ni la que coronaba el árbol, sino una luz antigua que no brilla para ser admirada, sino para marcar un camino. No busca protagonismo, sino dirección. Y sigue lanzando la pregunta que más evitamos: ¿hacia dónde estamos mirando?

Y, sin embargo, hay algo que permanece intacto incluso en una sociedad tan ruidosa y frágil como la nuestra: la forma en que los niños esperan. No comparan, no complican, no calculan demasiado. Esperan. Y esa manera sencilla de esperar es quizá la luz que aún conservamos.

Hemos puesto tantas capas encima que casi no vemos lo esencial. Pero esta noche vuelve cada año para recordarnos algo básico: no somos tan autosuficientes como pensamos. Y que la luz de verdad no viene de pantallas, sino de dentro, cuando uno se permite parar un momento.

Y quizá, solo quizá, lo importante de esta noche no esté en camellos, cofres ni carrozas. Está en recuperar algo que no se compra. Y en darnos el tiempo necesario para mirarlo.

Porque hay regalos que se abren con las manos… y otros que solo se abren con el alma.
Y la noche del 5 sigue viniendo cada año para preguntarnos si todavía sabemos escucharla.

Coldplay - Fix You (Live)

Déjate llevar por la luz que sigue brillando cuando el ruido se apaga. ‘Fix You’ nos recuerda que la música también puede ser estrella.

🌿 Si esta reflexión te ayudó, compártela con alguien que lo necesite.

💬 Me encantará leer tu sentir en los comentarios, siempre enriquecen este espacio.

Comentarios

  1. Acertadisimo como siempre y culminando con una impresionante cancion de Coldplay que marca una realidad con un final esperanzador de que se arregle o mejor todavia que el Señor nos arregle y guie cada dia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Javier, por estar siempre ahí y por comentar con esa constancia que ya es fidelidad.
      Que digas “Acertadísimo como siempre” anima más de lo que imaginas. Y que cierres recordando que “el Señor nos arregle y nos guíe cada día” da justo el sentido último a todo lo que se escribe aquí. Gracias de corazón por acompañar así cada post.

      Eliminar
  2. Qué buena reflexión.
    Gracias por compartirla.
    El consumismo se extiende como una plaga y devora todo, hasta las ilusiones.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Toro Salvaje. Que una reflexión provoque esa mirada crítica ya merece la pena. Vivimos rodeados de mensajes que empujan a consumir sin descanso, y parar a pensarlo no es tan habitual. Gracias por leer, por reflexionar y por tomarte el tiempo de dejar tu huella aquí.

      Eliminar
  3. Es una triste pena que cada vez más vivamos este día consumiendo. En general la Navidad se ha convertido en preparativos. Yo vivo con mis recuerdos austeros en regalos, pero con reuniones familiares auténticas. Desgraciadamente se fueron los mejores.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por compartir algo tan personal. Hay recuerdos que, aunque duelan, siguen siendo un refugio y una referencia de lo que de verdad importaba. Tal vez no podamos recuperar aquel tiempo, pero sí cuidar ese modo de vivirlo y transmitirlo. Gracias por estar y por dejar una reflexión tan honesta.

      Eliminar
  4. Cómo me ha gustado y qué de acuerdo estoy…. Llevo años reflexionando sobre este tema, cómo volver a lo esencial y al verdadera razón de esta fiesta tan bonita, tan especial, tan ilusionante y tan llena de sentido. Pero es cierto que el consumismo tiene un poder devorador y arrasa con todo lo que pilla por delante, es difícil nadar contracorriente, pero ser consciente de ello ya es no perder la batalla.

    Sigamos viviendo este día de la ilusión con cabeza, con conciencia, con cordura y recuperando, como bien dices en tu post, lo que no se compra, lo que se abre con el alma, tanto que nos rodea y no siempre sabemos verlo, valorarlo y sobre todo agradecerlo.

    Mil gracias Angel por hacernos parar, pensar y mirar al cielo… allí siempre esta la respuesta. Un fuerte abrazo.

    Y gracias por acompañarla con esta maravillosa canción de Coldplay que imposible no emocionarse, qué completa es, en su música y en su letra. Sin duda es mi preferida, me eriza la piel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Emma, por un comentario tan hondo y tan vivido. Se nota cuando alguien no solo lee, sino que lleva tiempo caminando esa reflexión por dentro. Parar, tomar conciencia y elegir cómo vivirlo ya es mucho más de lo que parece, aunque a veces cueste ir a contracorriente.

      Gracias por tu sensibilidad, por tu manera de mirar lo esencial y por acompañar el post con tanta cercanía. Y gracias también por sentir la música así: cuando una canción toca de verdad, completa el mensaje de una forma que las palabras solas no siempre alcanzan.

      Un abrazo grande y gracias por estar.

      Eliminar
  5. La vida es cambio continuo. Nada permanece. Ahora imperan las leyes del consumismo más atroz. A mí, estos días, me asusta ir a algún centro comercial... Es como si el mundo se fuera a acabar (que a lo peor es lo que pasa realmente). Desde luego, nuestro viejo mundo ha desaparecido devorado por esta fiebre de comprar lo que sea, y lo más rápido posible.
    Feliz día, amigo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Ildefonso.
      Comparto esa sensación: a veces el ruido del consumo abruma y parece que todo va demasiado deprisa.
      Quizá por eso viene bien parar, tomar distancia y no dejarnos arrastrar por esa fiebre.
      Un abrazo grande y feliz día.

      Eliminar

Publicar un comentario


✨ Este espacio está abierto a tu opinión, reflexión o incluso a ese desacuerdo que quieras compartir, siempre con respeto, sentido común y, si se puede, con un toque de buen humor 😉. Aquí no se trata de imponer razones, sino de abrir preguntas, favorecer encuentros y, con suerte, provocar alguna sonrisa compartida. La crítica es bienvenida cuando viene acompañada de cortesía, porque un comentario puede ser también reflejo de lo mejor que llevamos dentro. Gracias por estar aquí y enriquecer este lugar con tu voz.