Abuelos cansados, corazones llenos

Ser abuelo hoy: abuelos reales, nietos reales y una séptima nieta
Abuela y abuelo de 60 años sentados en un salón cálido, mirando el móvil con una sonrisa emocionada tras la llegada inminente de su nueva nieta.

Hay abrazos que te dejan sin fuerzas y, aun así, volverías a repetirlos mil veces. Este texto habla de esos abuelos que llegan agotados a la noche, pero con el corazón lleno y la certeza de seguir siendo necesarios en su familia.

Una nueva alegría en casa

Esta madrugada ha nacido una nueva nieta. Ya está entre nosotros. Es la séptima en la familia. Y yo, que por dentro me emociono más de lo que aparento y por fuera sigo empeñado en hacerme el fuerte, me he sorprendido pensando: “quizá ya va siendo hora de escribir un post sobre los abuelos, ¿no?”. Porque después de siete, algo de experiencia ya tenemos… y también alguna que otra contractura que no teníamos cuando fuimos padres.

Cuando los nietos toman la casa

Dicen que los nietos llegan con un pan bajo el brazo. Sí, claro: el pan, la mochila, el termo, los juguetes, la merienda y media tienda de campaña. Y ahí estamos los dos, abuela y abuelo, mirándonos como quien dice: “¿nos hemos apuntado sin querer a un máster intensivo?”. Porque sabemos que lo que viene es precioso… y físicamente temible.

Ser abuelos hoy es como volver a ser padres, pero con menos energía y más sentido común. La abuela lo nota cuando se agacha a recoger un muñeco y su espalda protesta. El abuelo lo nota cuando el nieto pide subir a hombros y él responde que sí… mientras su columna responde que no. Y aun así seguimos, entre heroísmo moderado y cansancio acumulado.

Nos queremos comer a los nietos a besos, pero levantarlos ya es deporte de riesgo. Y aun así somos los primeros en llegar cuando los hijos necesitan ayuda, los últimos en quejarnos, al menos en voz alta, y los únicos capaces de escuchar durante veinte minutos una historia infantil que empieza en un dinosaurio y termina en un unicornio sin frenar por ninguna lógica.

No somos canguros: somos familia

Y está esa verdad que nadie dice pero todo abuelo sabe: los abuelos no somos canguros. Ni la abuela, con su radar emocional infalible, ni el abuelo, que monta juguetes a las diez de la noche como si aprobara una oposición. Somos familia, no personal contratado. Lo hacemos porque queremos, porque sabemos que estos momentos no vuelven y porque el amor por los nietos es una mezcla de locura, ternura y torpeza encantadora.

Abuelos de 60 años en un salón vivido, rodeados de juguetes, riendo juntos después de una tarde intensa con sus nietos.

El papel real de los abuelos hoy

A veces, cuando los nietos por fin duermen, la abuela y el abuelo se sientan en silencio, como dos exploradores que han sobrevivido a la jungla. Ese silencio lo dice todo: cansancio bueno, satisfacción de haber estado y un orgullo que ninguno confiesa, pero ambos sienten.

Luego llegan esos momentos gloriosos en los que los nietos explican su día con la claridad de un parte meteorológico pero con la lógica de un surrealista. La abuela pregunta: “¿y ese tal Lucas quién es?”. El abuelo añade: “¿y por qué el dinosaurio era rosa?”. El nieto sigue hablando como si narrara una epopeya, ajeno a nuestro desconcierto generacional.

Y entre todo ese caos hermoso aparece algo muy grande: el papel real de los abuelos hoy. No somos protagonistas, pero tampoco extras. Somos ese pegamento emocional que mantiene unida la foto familiar sin hacer ruido. La abuela, con su manera silenciosa de calmar tormentas. El abuelo, con su humor que deshace tensiones en tres segundos. No pedimos foco, pero sin nosotros faltaría aire.

Al final del día, cuando vuelve el silencio, aparece esa mezcla rara: cuerpo agotado, alma llena. La abuela recoge juguetes con su sonrisa de “hemos sobrevivido”. El abuelo apaga luces pensando en la nieta que está por llegar. Y ambos sabemos que este cansancio es del que vale la pena, del que se recuerda cuando ya no podemos con tanto trote… pero sí con tanto amor.

Porque ser abuelos no va de lo que solucionamos, sino de lo que transmitimos sin querer: serenidad, humor, memoria, un refugio sin requisitos. Si algún día preguntan qué es ser abuelos, la respuesta es sencilla: hacer lo que haga falta… aunque luego necesitemos calor en la espalda.

Vídeo musical Grandpa (Tell Me 'Bout The Good Old Days) interpretado por Dave Fenley.

Interpretación de “Grandpa (Tell Me 'Bout The Good Old Days)”, una canción que rinde homenaje a la memoria y al papel de los abuelos en la familia.

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