31 agosto 2010

17

GRATITUD


“Los cristianos son aquellos que :” dan gracias continuamente a Dios Padre, en el nombre del Señor Jesucristo. (Ef. 5,20)

Sigo manifestando, el beneficio que produce dedicar tiempo al Señor. Alguien dijo que “nadie salía de la oración  cómo entró” , aún en aquellas ocasiones en las que se tiene la sensación de haber perdido el tiempo , me llevo adosadas a mi ser, las gracias que Dios tenía preparadas para ese encuentro, donde irán despegándose para llenar mi vida de cristiano.

Uno de los regalos que Dios concede en la oración. es el comprobar los innumerables dones que recibimos cada día, tan rutinarios para muchos, pero tan preparados por el amor del Altísimo.

¿Acaso no es un gran regalo levantarse cada día? ¿Tener la oportunidad de cambiar? ¿De ser más feliz? Si enumerara cada obsequio diario otorgado por Dios, nos daríamos cuenta de que nuestra gratitud ,debería proclamarse en cada segundo de nuestra vida. Pero, me da que nuestras quejas llenan más lo que sale de nuestra boca. Que si este pelo, esta mancha, esta arruga, estas manos tan feas, este calor, vaya pies, me quedo calvo, estoy gordo…, y uno ve tantos dramas en el mundo, que un sentimiento de vergüenza asoma ante las quejas. ¿Tenemos que ver la desgracia y el sufrimiento ajeno  para ser agradecidos?


Ya conté en un post anterior que a los once días del nacimiento de nuestra hija Inés, tuvimos que salir corriendo para el hospital. El diagnóstico fue demoledor para nosotros: Meningitis y sepsis generalizada. Sin esperanza de que sobreviviera. Las palabras que escuchamos fueron las de: “se morirá”. Pero la petición de oraciones, la esperanza y la confianza en el Señor, aceptando su voluntad, nos ayudaron a vivir esos días. Finalmente el Señor nos la dejó y nuestra gratitud siempre ha estado presente. Pues he querido mencionar este hecho, porque cuando se cumplió un año de tan terrible experiencia, pedimos a un sacerdote amigo si podía celebrar una misa de acción de gracias . Su respuesta nos sorprendió: “pocos me han pedido esta intención”.

En estos días de placidez, de encuentro más profundo con el Señor he reflexionado sobre lo poco que agradezco.Dar gracias a Dios por tanto bien recibido ya produce en el alma, una alegría interna capaz de afrontar cualquier empresa por amor a Dios.Como decía ayer: Dios siempre gana.

Que en nuestra oración diaria, la gratitud esté presente , seamos almas, que reconocen  ante Dios, que todo es don de su amor por nosotros.

30 agosto 2010

21

DIOS SIEMPRE GANA


Nuestro tiempo de descanso estival pasó. Retomamos nuestras actividades habituales ,con el gozo de la renovación de cuerpo y alma. Sí, puedo comunicar alegría porque  la siento dentro de mí. Doy gracias a Dios por los días vividos junto a los míos.

Antes de marchar, hice una reflexión sobre los consejos que el Santo Padre nos daba ,para vivir las vacaciones. La dedicación de tiempos más extensos ante el Señor, la oración en familia, una generosidad mayor a la hora de darse a los demás. Este año llevaba estas  recomendaciones en mi maleta, y al deshacerla las coloqué bien a la vista para no olvidarme de ellas.

Dios siempre gana,siempre es el que da. Siempre presente en nosotros, no como fruto de buscarlo ni como resultado de nuestro deseo, sino como  don y entrega de Dios mismo a través de su Palabra.

Una idea me ha acompañado en todos los momentos que lo he buscado: Yo soy el beneficiado, yo soy el que recibo. El no está únicamente cuando le busco, está siempre conmigo. Caer en la cuenta de esa realidad, hace que la oración ,se haya convertido en el encuentro de quien me espera para llenar mis vacios, para hallar el lugar donde puedo recibir el AMOR con mayúsculas.

Decía que volvía renovado en el cuerpo y alma. Cuando siento que he descansado en el Señor, cuando he querido apoyar mi cabeza en su pecho, cuando me he quedado solo acompañándolo, cuando me he esforzado por verlo en los demás, es entonces cuando todo mi ser se ha beneficiado del bálsamo que ha derramado en todos esos momentos.

Llega la hora de reemprender esta bitácora, donde plasmo muchos de mis sentimientos, donde reflejo momentos de mi vida en Cristo. Retomo este nuevo curso con ilusión, poniendo ante  Jesús, a los que me ha dado para caminar. Le pido que supla mis deficiencias, que ilumine mi camino, ese camino que tantas veces se me desdibuja. Le pido luz para descubrir los obstáculos, la fuerza para superarlos, el arrojo de buscar nuevas sendas y la esperanza de que existen. Le pido la capacidad de aceptar a los que discurren por otros vericuetos, de esperar a los que caminan lentamente, de apoyar a los que se cansan, de levantar a los que caen y de comprender a los que se dan la vuelta. Espero y deseo que en estas súplicas seamos compañeros de camino y que Jesús lo recorra a nuestro lado.


Hemos sido convocados a trabajar en la viña del Señor. Algunos hemos descubierto esta llamada con las nuevas tecnologías. La red es un nuevo campo de apostolado. Seamos generosos a responder “Sí” a su llamada. No le pongamos condiciones. Es su amor el que ha puesto la mirada en nosotros. No hemos hecho nada para merecerlo. Que nunca le seamos infieles; que nada nos asuste. Jesús se pone en nuestras manos para que otros le conozcan por nosotros.

Miro mi vida, ¿cómo pueden verte? Mi vida oculta muchas veces la tuya, mi egoísmo esconde tu amor; mis palabras apagan tu Palabra, y aún así quieres ponerte en mis manos. Como decía San Juan,”que yo desaparezca para que tú crezcas en mí”.  Te has puesto en mis manos Señor. A veces me asusta, pero tú me dices: “No temas, Estoy contigo” . Que esas palabras de quien es el Camino la Verdad y la Vida, estén siempre,  en todas las paradas que nos veamos obligados a realizar.  Os dejo con un poema de Lope de Vega que  de alguna manera, se metió en mi maleta  y que se ha convertido en tema de oración en más de una ocasión.


¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»! 

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

03 agosto 2010

24

NOS TOCA

Llega el momento de ir preparando esos días de vacaciones, que me sacan de la rutina en la que me sumerjo durante el año. Sueño con descansar, dedicar más tiempo a los míos, gozar con buenas tertulias, descargar tensiones y sacar lo mejor de mí. Y mientras pienso en ello, me pregunto a menudo si Dios está en mi rutina. ¿He puesto a Él como prioridad en estos días?

Que poquito se oye entre los cristianos, manifestar el deseo ardiente de aprovechar las vacaciones para dedicar más tiempo al Señor. Yo mismo caigo en la cuenta, de que muchas veces me quedo buscando huecos donde poder encajar mi encuentro con Dios , como si fuera El el que ha pedido cita conmigo. Resulta fácil olvidarse de que el necesitado soy yo . Buena ocasión ofrecen las vacaciones para dejarse curar, para saciar la sed, para llenarse totalmente de El.

Que todos sepamos poner cada día a Dios en el lugar que le corresponde. Amarás a Dios sobre todas las cosas. Benedicto XVI nos deja una gran reflexión para este tiempo:

"Todo buen cristiano sabe que las vacaciones son un tiempo oportuno para distender el físico y también para nutrir el espíritu a través de amplios espacios de oración y de meditación, para crecer en el encuentro personal con Cristo y conformarse cada vez más con sus enseñanzas.

El tiempo de las vacaciones es un momento idóneo para "dar el primer lugar a lo que efectivamente es lo más importante en la vida", escuchar la palabra de Dios.

La persona humana debe trabajar, empeñarse en los quehaceres del hogar y profesionales, pero necesita ante todo a Dios",

"sin amor, aún las actividades más importantes pierden valor y no dan alegría. Sin un significado profundo, todo nuestro afán se reduce a mero activismo estéril y desordenado".

El próximo agosto que vivamos si D.q. será el de la JMJ en Madrid. Os dejo como música de fondo el himno del último encuentro en Sídney , donde nos habla de recibir la Luz. La luz que viene de Cristo. Feliz vacaciones a todos. Para los que quieran estamos en contacto por e-mail. Un abrazo en el Señor.

01 agosto 2010

11

CLAROSCUROS


Me hablaron hace unos días, de los clarososcuros de la vida espiritual. De cómo habitualmente nuestro caminar en la vida de fe, transcurre en más períodos de negrura que de luz, aunque Dios conceda a quien quiere épocas de gran luminosidad. Más tarde, cuando reflexioné sobre ello, me vinieron a la mente, las palabras de San Pablo, cuando habla de nuestras vidas, como vasijas de barro que contienen un gran tesoro.

“El tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús”(2 Cor 4,7)

Debo confesar que me animan y mucho estas palabras. Me tranquiliza y consuela, tener la certeza de que la vasija rota dará paso a una nueva, esa que el Gran Alfarero volverá a modelar para albergar su gran regalo.
Ya sé que mi caminar en la fe, no es sobre un camino plano. Los triunfos y victorias, son los logros de una batalla, son el resultado de confiar en que Dios está a mi lado, para ayudarme a salir triunfante.

¿Cuántas veces me siento en lo alto de la cima ,y a las pocas horas tengo la sensación de que el mundo se me viene encima? Los días tormentosos existirán y debo enfrentarme a ellos.
¿Conocéis algún santo que no haya tenido que atravesar por batallas y persecuciones? No han hecho sino imitar Jesús.

¿Cuál es mi vasija de barro? Aquella que está formada por mi vida. Se rompe cuando confío únicamente en mi, para atravesar con éxito la oscuridad. Cuando confío en mis fuerzas y en mis habilidades. El valor no está en la vasija, sino en la luz del tesoro depositado.

Me complico y me pierdo, cuando continuamente me pregunto sobre mí, cuando me miro a mí mismo. Ni las circunstancias ni mi propia vida son lo que importan. Lo trascendental, es QUIEN está conmigo. El que no me abandonará, por más atribulado, perseguido a angustiado que esté.

A veces es necesario que la vasija se rompa, para admirarse del valor que albergaba. Morir a uno mismo, humillarse, desanimarse, tener días tristes, o días malos, quebrantarse. Cuando mi vasija se rompe, mi fuerza no es la que sobresale, sino la luz de Dios, para que la alabanza y la gloria sea para Él.


Solo cuando me dirijo a Dios para decirle que no puedo más, que me caigo, y siento que me rompo, es cuando el tesoro de mi vasija resplandece. ¿No es la confesión el gran taller del Alfarero, donde moldea el barro que soy , para crear una nueva vasija que siga llevando su tesoro?
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