Hoy ,es difícil concebir, que el padre no esté presente en el momento del parto. No solo cumple la función de estar al lado de la esposa para reconfortarla en esos momentos de dolor, sino que se prepara de forma diferente, a la venida de un nuevo ser humano en su vida. Puede descubrir la maravilla de observar el gran milagro que Dios culmina, con el nacimiento de un bebé . Su hijo o hija. Pocos son los padres que no se hayan emocionado ante tan gran acontecimiento. Todos coinciden en que es lo más hermoso que han podido vivir.
Pasan las primeras emociones, se vuelve a casa, se retoma la vida ordinaria y parece que el papel de padre queda relegado a un segundo lugar. Se diría que es mamá ,la que tiene la obligación de sacar adelante al nuevo inquilino del hogar. Muchos no saben encajar esta nueva situación y se crean en ocasiones verdaderos conflictos que desgastan la relación matrimonial.
El papel de educador, de guía y consejero, queda todavía muy lejos en los hombres de este país, arraigados aún en un machismo patriarcal. Se camina y se avanza en la conciencia del deber paterno hacia los hijos, de forma muy lenta, en comparación con otros países europeos y americanos. Esta relación se complica más cuando se trata de la educación y seguimiento del sexo masculino como padre y el sexo femenino como hija.
Han recomendado varias veces en otros blogs -y en éste-, un libro genial titulado:”Padres fuertes, hijas felices”, (ver enlace) de Meg Meeker, donde relata su experiencia ,demostrando que la relación padre hija produce un beneficio pedagógico que no debe obviarse. Ella habla del bien que le hizo, y la madurez que adquirió ,al vivir una unión filial y confiada con su padre .
Hace pocos días, mi hija de 14 años, me comentaba, que pocas amigas suyas confesaban hablar con su padre. Les resultaba más fácil hacerlo con mamá. No creo para nada que se deba a la diferencia de sexo y sensibilidades, sino al poco interés y timidez, que los padres ponen en crear una confianza de amor paterno hacia sus hijas.
De mis cinco hijos, tres son chicas ,y no se me ha pasado por la cabeza ,separar la dedicación de ellas con las de ellos. A medida que van creciendo ,voy captando mejor lo que significa ser mujer. La sensibilidad, los deseos, los cuidados, las palabras, todo adquiere una dimensión diferente a lo vivido cuando eran pequeñas, y descubro que mi apoyo, mi interés, mis consejos y mi tiempo les aporta seguridad y confianza. Nunca he tenido la sensación de que me sintieran lejano, de que no pudieran confiarme sus preocupaciones , o de contarme las anécdotas de cada jornada.
Las veo crecer y siento que cuentan conmigo, que me preguntan cosas con el deseo de que sean por mí respondidas. Los padres, podemos ayudarlas mucho. Hay días en que soy consciente de que les estoy hablando de lo que gusta a los chicos, de cómo deben tratarlos, o cómo pueden gustarles. Para ellas eso supone tener un gran aliado. Puedo explicarles mejor, donde pueden ser engañadas, como pueden hacerlas sufrir, o hacerlas felices.
El papel de educador, de guía y consejero, queda todavía muy lejos en los hombres de este país, arraigados aún en un machismo patriarcal. Se camina y se avanza en la conciencia del deber paterno hacia los hijos, de forma muy lenta, en comparación con otros países europeos y americanos. Esta relación se complica más cuando se trata de la educación y seguimiento del sexo masculino como padre y el sexo femenino como hija.
Han recomendado varias veces en otros blogs -y en éste-, un libro genial titulado:”Padres fuertes, hijas felices”, (ver enlace) de Meg Meeker, donde relata su experiencia ,demostrando que la relación padre hija produce un beneficio pedagógico que no debe obviarse. Ella habla del bien que le hizo, y la madurez que adquirió ,al vivir una unión filial y confiada con su padre .
Hace pocos días, mi hija de 14 años, me comentaba, que pocas amigas suyas confesaban hablar con su padre. Les resultaba más fácil hacerlo con mamá. No creo para nada que se deba a la diferencia de sexo y sensibilidades, sino al poco interés y timidez, que los padres ponen en crear una confianza de amor paterno hacia sus hijas.
De mis cinco hijos, tres son chicas ,y no se me ha pasado por la cabeza ,separar la dedicación de ellas con las de ellos. A medida que van creciendo ,voy captando mejor lo que significa ser mujer. La sensibilidad, los deseos, los cuidados, las palabras, todo adquiere una dimensión diferente a lo vivido cuando eran pequeñas, y descubro que mi apoyo, mi interés, mis consejos y mi tiempo les aporta seguridad y confianza. Nunca he tenido la sensación de que me sintieran lejano, de que no pudieran confiarme sus preocupaciones , o de contarme las anécdotas de cada jornada.
Las veo crecer y siento que cuentan conmigo, que me preguntan cosas con el deseo de que sean por mí respondidas. Los padres, podemos ayudarlas mucho. Hay días en que soy consciente de que les estoy hablando de lo que gusta a los chicos, de cómo deben tratarlos, o cómo pueden gustarles. Para ellas eso supone tener un gran aliado. Puedo explicarles mejor, donde pueden ser engañadas, como pueden hacerlas sufrir, o hacerlas felices.
El papel de padre es esencial, para poder completar los consejos que la madre como mujer puede darles. Con el padre tienen una referencia;saber que pueden encontrar el cariño sincero que un hombre les está dando . En esta sociedad que hoy les toca vivir, dedicada casi exclusivamente al narcisismo, al culto al cuerpo, al hedonismo más puro y duro que se pueda encontrar, tienen que tener la certeza, de que existen los valores morales que nos convierten en personas capaces de amar de verdad. Para ello hay que tener claro ,que solo con la dedicación y la entrega podemos ganarnos su confianza.
Los padres no solo deben salir con el hijo, no deben hacer separaciones de sexos en la asignación del tiempo establecido a unos y otras. Deben entregarse por igual a los dos. Dedicarse a ellas no es solo asistir, a todas las reuniones del colegio, las tutorías, o cualquier convocatoria en la que se cumplen unas mínimas obligaciones paternales. Hay que salir con ellas, hay que estar pendientes de sus gustos, sorprenderlas con detalles, buscar momentos para cada una en particular .
Nuestras hijas siempre estarán agradecidas y guardarán un profundo amor hacia nosotros, de manera que cuando nos presenten siempre sentiremos ese escalofrío de ternura cuando las oigamos decir: “Éste es mi padre”.
Nuestras hijas siempre estarán agradecidas y guardarán un profundo amor hacia nosotros, de manera que cuando nos presenten siempre sentiremos ese escalofrío de ternura cuando las oigamos decir: “Éste es mi padre”.
Os aconsejo vivamente, la lectura del libro mencionado . A mí me ha dado muchas ideas que he puesto en práctica y que han funcionado.
Angel ST
Angel ST

7 comentarios:
Hola Amigos los felicitamos por su blog espero y tengan la oportunidad de visitar el nuestro cuando tengan tiempo, nuestro blog tiene como mision consolar a los que sufren y hoy presentamos una breve Biografía de Santa Filomena.
Por ahora somos sus seguidores y estaremos al pendiente de sus publicaciones.
Saludos
Te he dejado mi comentario en la dedicatoria del vídeo.
Preciosísimo tema! gracias Angel.
Un abrazo.
Querido amigo, me tomo nota del título, promete ser muy interesante. Por otra parte, para el tema que comentas, nada como encomendarse con fuerza a San José bendito, padre y protector de Nuestro Señor Jesús, que él nos infunda fuerza y amor, para realizar nuestra preciosa función de padres, cada día de nuestra vida.
UN FUERTE ABRAZO.
Bueno... de momento no tengo familia, pero me anoto la referencia, y el aporte de tus comentarios y experiencia para cuando Dios quiera que un día llegue a ser Padre.
Un abrazo
Jorge Gallego
Gran reflexión y cortometraje. Gracias por compartirlos.
Un abrazo
Es apasionante conocer lo importante que somos para nuestros hijos. Incluso para los nietos que empiezan a aparecer, en mi caso, pero también he de reconocer lo difícil que puede ser cuando no adviertes la importancia y la llamada de DIOS a esta concreta función. Ahí debo confesar mis culpas y mis descuidos y presentarlas a la Misericordia de DIOS. Pero también, la esperanza de que ahora, es la hora de dejarme iluminar y seguir las indicaciones del ESPÍRITU.
Nuestro PADRE DIOS siempre está dipuesto, con infinita paciencia, a esperar que nos pongamos en camino, como el hijo prodigo.
Un fuerte abrazo.
Eres un padrazo Ángel. Luis también lo es pero nunca ha podido asistir al parto, es tan nervioso que a mi me alteraba muchísimo. Como anécdota te contaré que en el parto del 6º, que fue justo el siguiente del niño que se murió a raiz del parto por sufrimiento fetal, Luis me trajo a la sala de dilatación un ordenador portátil para que me entretuviera si quería hacer algo mientras dilataba, así se me olvidaban las molestias. Casi le tiro el ordenador a la cabeza. Sin embargo me parece imposible que haya un padre mas volcado en sus hijos e hijas y en su nieta que no admite llamarle abuelo sino papá.
Un abarzo
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